Forma e Identidad

Álvaro Henríquez

Centrado en la experiencia de lo cercano

 


¿Cómo responde un artista a los elementos cotidianos? ¿Cómo se manifiesta ante ciertas inquietudes que le asaltan sobre su entorno?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Playa de Cocinitas Lanzarote

 

Exposición en Sevilla 2005

Álvaro, investiga en nuevos campos de expresión para dar forma a esas ideas que quiere desarrollar y quizás, el axioma principal que genera el desarrollo de su trabajo es la reivindicación de su cultura más cotidiana.

 

 

 

 

 

 

Luarisilva en la Gomera

 

No es de extrañar que a lo largo de toda  su  trayectoria,  el   paisaje  de las

 

 

 

 

Costa del Hierro

 

islas sea el mayor cauce de todos  sus esfuerzos. Sus cuadros no son estampas promociónales sobre los paisajes canarios. Son algo más vital, son piezas estratigráficas de ecosistemas   del archipiélago, son momentos en que la naturaleza se expresa con fuerza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Cañadas del Teide

 

Álvaro es nuestro Humboldt particular, oteador de costas y océanos cercanos. Es un naturalista, un humanista, preocupado por ennoblecer parte de su cultura, recogerla y  defenderla frente a los estragos del desarrollo.

 

 

 

 

Bodegón de Organismos Genéticamente Modificados

 

La nueva serie esta basada en trabajos anteriores Transparencias del año 1985 y  Bodegón de O.G.M. (Organismos Genéticamente Modificados) del 2000, donde  ya daba muestras de su implicación abstracta con el entorno. Aquellas imágenes jugaban con la certeza del espectador. Después, hay una renovación en su trayectoria tanto a nivel técnico como a nivel formal, aunque este último aspecto puede tener una doble interpretación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


“Espuma”  Lairaga  Gran Canaria

 

Si anteriormente, Álvaro Henríquez nos deleitaba con esas imágenes arrebatadoras de nuestras costas desde la perspectiva de una mirada inquieta -Serie “Lairaga”-. Ahora esa identidad siempre presente, se muestra a través de exvotos abstractos, sinónimos de una exaltación de su propia cultura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Pantalla Plana. Fruta del Viaje

 

Ha investigado como hacer hincapié en otros elementos más táctiles y menos aparentes pero que forman parte de una cultura de lo cotidiano. Para ello, ha concebido las formas mediante infografía que recuerdan al ARTE POP y reivindicadas en emblemas de lo conocido. El soporte utilizado es el papel y el vinilo sobreimpresionado con técnicas mixtas. Los retoques con el pincel son una clara referencia a la experiencia en la obra final  y en base a esa constancia, encontramos un parangón con el informalismo.      

 

Caja de Plátanos

 

 

 

 

 

 

 

 

Álvaro es una mente en constante ebullición de ideas, pensamientos dispersos que en un momento determinado, consigue tomar su punto de partida. En ese punto de inflexión, arranca un testimonio de su propia existencia mediante la abstracción. Así, desarrolla su arte y es como deja constancia de sus inquietudes,  partituras musicales de una vivencia proclive al encanto de sus raíces.

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Quién no recuerda esas hojas de color amarillento con líneas donde se aprendía a escribir las primeras letras para luego crear las palabras? ¿Acaso el pintor quiere invitarnos a rellenar esos huecos vacíos con sus propios recuerdos? ¿Puede que en el fondo sea el comienzo de una carta que se va escribiendo en la mente con la simbología de las imágenes?

 

 

 

 

 

 

 


Lo cierto es que a partir de una sinuosa abstracción, Álvaro va investigando esos objetos recurrentes en sus recuerdos, los va desglosando con formas geométricas yuxtapuestas o simplemente le sirven como elementos decorativos. En toda esta serie, cabe destacar los colores mucho más planos debido también al desarrollo de esta novedosa técnica. Sin embargo, esta paleta nueva tiene que ver también con esa tendencia a buscar el sinónimo de los objetos representados. En algunas imágenes, los colores son muy vivos y chocantes, ya que busca dar carisma a los objetos.

Pantalla Plana. Bodegón de OGM

 

En suma, todas estas formas abstractas son emblemas de un acervo cultural que están a nuestro alrededor que, pasan inadvertidos y Álvaro los descontextualiza para ofrecerlos al espectador. Desde la órbita de la abstracción,   esos elementos carecen de significante pero adquieren un nuevo significado, de ahí que la forma sea una constate señal de una identidad cultural.

 
 
Marcos Rivero Mentado

Comisario y Gestor Cultural

Mar y Jable”

 
“… y el Océano tímido, se vistió de azul para besar el jable de la playa…”

 

Álvaro Henríquez, uno de los talentos del arte canario contemporáneo, tanto por su técnica depurada, como por la temática.  Sus trazos frescos, originales y en constante movimiento, recogen fielmente la belleza y armonía de los paisajes del Archipiélago.

Henríquez, ha sabido ver más allá de nuestras playas, de nuestras calmas y                                                        mareas, de la espuma de las olas rompientes y de nuestras orillas de jable fino, y en todas y cada una de sus obras, nos demuestra que la naturaleza  canaria es dinámica y esta viva.                                                                                                                                                                                    

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Considero que Canarias ha sido, es y será, cuna de grandes artistas, pero además entiendo que las Islas son un gran modelo, un plató natural inquieto y maravilloso. Álvaro Henríquez, es el exponente de que artista y modelo pueden darse la mano en una obra inigualable, sencillamente natural.

 

 

Inés Rojas de León

Presidenta del Cabildo de Lanzarote

 

 

 

 

Mar y Jable. Galería Los Aljibes. Lanzarote

 

 

 

 

La   Pintura  Sonora 

 

Álvaro Henríquez no es un mero retratista del paisaje, es un artista que extrae la esencia, el alma de los lugares que retrata. Su mar no es el paisaje a través del ojo humano, es el paisaje Con el ojo humano. No es la roca, el remolino o la espuma, es la experiencia de la roca, el remolino o la espuma.

 

Los lugares de su mitología personal que conoce con los ojos más sagaces, es decir, con los ojos del alma y tienen marcado también el recorrido ávido de su mano. Álvaro Henríquez no nos ofrece un paisaje bello, para eso tenemos la misma contemplación directa del prodigio, nos brinda un espacio único e irrepetible, un instante sagrado que jamás volverá a ser. Obras que al mirarlas en cualquier formato, nos toca con la inequívoca pátina de la eternidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Remolino

 

El océano, con su belleza en rebeldía, es un océano buscado y rebuscado, el autor no acude a sus más repetidos rompientes, a sus troneras más tópicas, es el océano del que indaga en su sentido más hondo. Es también el océano de la infancia, un océano con ahogados y con monstruos.

            Las obras tienen los colores indomables de la espuma, el musgo y el torbellino, pero además, acérquense a ellas, presten atención, las pinturas se oyen, suenan. No, no miren hacia el techo, afuera no llueve y el techo está en perfectas condiciones: es que el océano se está saliendo de estos cuadros.

Pedro Flores

Poeta

 

 

 

 

 

 

Una mañana

 

Lairaga en el Museo Néstor

 

Cuando una mañana, el director del Museo Néstor, Daniel Montesdeoca, me llamó para conocer  a Álvaro Henríquez y a su obra mis ojos se dirigieron a dos de sus cuadros que me recordaron la esencia de Néstor. El sentimiento artístico, sonoro, casi táctil del MAR, del Mar con nombre propio, el Mar de Néstor, de Álvaro Henríquez y el de todos los que vivimos rodeados de él.

Creo que Álvaro Henríquez no sabe que, quién con toda humildad realiza esta reseña , también se dedica a este noble arte de pintar y quizás por esa intimidad artística fue por lo  que surgió  una rápida empatía; Néstor, Álvaro y yo. Un triángulo artístico, y bien sabe Dios, que su vértice principal es Néstor.

La obra de Álvaro es fugaz, y a la vez eterna, es fija y en constante movimiento, sencilla y como no barroca, sonora, silenciosa, alegre y dramática, tiene... música, ritmo y poesía, se puede tocar, sentir, soñar...

Mucho mejor que yo, que no soy poeta, describió su obra Pedro Flores (poeta). Nosotros somos otro tipo de cantores: el pincel es la pluma, el lienzo el folio en blanco y el paisaje o la temática el poema.

 

          Su pintura es fuerte, rotunda, precisa, inquietante; las olas parecen escorzos que bailan, su textura atrae, es gruesa con hondonadas para deslizarse entre ellas. El color de su obra, una locura, al igual que las dos obras de Néstor que  tomé como referencia, “Caletones” (óleo sobre cartón.1912-13) y “Marina” (óleo sobre cartón.1912-13) parece que tienen luz propia, casi como una proposición, como una invitación a “margullar” hacia lo más hondo, lo más profundo de ese MAR con nombre propio.

Lilia Ojeda

Responsable del Departamento Pedagógico

del Museo Néstor.  

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