PAISAJES DE MIS INSULAS

Esta tierra es un lugar de contrastes, paisajes distintos en diferentes altitudes, colores y exaltaciones de la naturaleza rodeada por un océano que a los ojos de un foráneo parece interminable. Esta es una tierra plagada de sensaciones visuales, enaltecida por su propia vivencia geológica pero a veces, olvidada y solo reconocida por otros asuntos puramente mercantilistas. Sin embargo, en algunos momentos alguien despierta y se reconoce a través de su entorno, lo estudia, se sublima al paisaje, se entrega inexorablemente para descubrirla en toda su esencia. Álvaro Henríquez es uno de esos pintores que se reconoce en lo que le rodea con un espíritu casi científico, mimético, curioso y rotundo. En toda su producción, apreciamos ese esmerado y estimulante trabajo por captar todos los matices del entorno elegido. Sus imágenes recogidas en diferentes formatos y detalles, desde las vistas amplias de nuestras costas hasta extractos de terreno volcánico, manifiestan la intensidad de los impactos cromáticos y la interferencia de la luz.

En cada uno de estos retazos de naturaleza escondida, revelada ante los ojos del espectador, vemos una pincelada suelta y armónica. Su técnica basada en un constante enfoque de la mirada con el trazo denso así como el color equilibrado, consigue que la materia respire por sí mismo con un toque casi abstracto. No pinta sobre boceto sino directamente sobre el lienzo y al aire libre para dejarse encantar por los fenómenos naturales tal como un pintor impresionista pero ante todo, se identifica con ese espacio. Algunos cuadros me sugieren el recuerdo del pintor mejicano José María Velasco quien veía en los paisajes del altiplanicie, una apertura al conocimiento no solo del sujeto consigo mismo sino también con su identidad cultural.

Álvaro Henríquez recoge la tradición de su maestro Miró Mainou quien supo capturar los paisajes isleños en toda su magnificencia a través de su propia concepción intimista de la naturaleza. Álvaro Henríquez va más allá del carácter intimista del paisaje ya que sobretodo, le interesa captar todos los matices posibles, las calidades de los elementos y la magnitud de la fuerza de la naturaleza. Frente a cualquier cuadro paisajístico clásico, muestra una destacada superación del estilo y es quizás, su encuentro con el pintor Rafael Canogar cuando empieza a indagar en una nueva expresión de los trazos pictóricos. Desde el punto de vista técnico, vemos como los paisajes adquieren una gran viveza con una pincelada muy marcada, una vibrante textura que aglutina toda la fortaleza del gesto y hace que las imágenes impacten visualmente. Esa forma de expresar el paisaje a través de la masa pictórica nos retrotrae al movimiento informalista y produce ese efecto de abstracción en sus obras. El espectador se ve impactado ante estos paisajes, repletos de sugerentes amalgamas de color y formas, reflexiona y entiende lo que esta viendo, se ve inmerso en él, se identifica con él porque en algún momento de la vida, habrá pasado por ahí o simplemente lo reconoce por un color, una vegetación o ha sentido la sensación de la brisa. Son estas imágenes las que se fijan en la memoria de las generaciones, las que se resisten a perder porque forman parte de una conciencia colectiva de una cultura y por supuesto, indomables a la acción del hombre.

Marcos Rivero Mentado
Historiador del Arte